Debate Cívico

Sols n´hi ha un de Sometent de Catalunya 

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El Sometent en la historia 

de 

Cataluña

El Sometent fue, durante siglos, una milicia ciudadana propia de Cataluña. No era un ejército profesional, sino un cuerpo formado por hombres vecinos del lugar, normalmente cabezas de familia, que tenían la obligación de acudir a la defensa del territorio cuando eran llamados. Su origen se remonta a la Edad Media, ligado a la protección de caminos, pueblos y propiedades frente a bandoleros, incursiones enemigas o disturbios locales.

La llamada al Sometent se hacía con toques de campana o disparos al aire, y se resumía en la fórmula «sometent, som atents» (estamos atentos). Cada hombre acudía con sus propias armas, a menudo escopetas de caza, y se organizaba en compañías bajo el mando de un jefe local, a veces el alcalde o un capitán designado. En muchos pueblos, el Sometent patrullaba los alrededores, vigilaba pasos de montaña y colaboraba con las autoridades para detener delincuentes o sofocar altercados.

Históricamente, tuvo un papel importante en momentos de conflicto. Por ejemplo, durante la Guerra de la Independencia contra Napoleón (1808–1814), grupos de sometents participaron en emboscadas y acciones de guerrilla contra las tropas francesas, aprovechando su conocimiento del terreno. En el siglo XIX, también se movilizó en guerras carlistas y en episodios de inestabilidad interna, actuando como fuerza auxiliar para mantener el orden en comarcas rurales y pequeñas villas.

Su organización combinaba tradición y pragmatismo: se estructuraba por municipios y comarcas, con listas de hombres aptos para el servicio, y se reunía periódicamente para ejercicios básicos. Aunque dependía de las autoridades civiles, conservaba un fuerte carácter comunitario: los propios vecinos decidían a menudo cómo y cuándo patrullar, y la presión social hacía que la mayoría respondiera a la llamada. Con el tiempo, y especialmente en el siglo XX, el Sometent fue perdiendo sentido frente a cuerpos policiales modernos y ejércitos regulares, hasta su definitiva desaparición, pero dejó una huella duradera como símbolo de autodefensa local y responsabilidad colectiva en la seguridad del territorio.

Un nuevo espíritu cívico para Cataluña

En una Cataluña democrática y plural, el antiguo espíritu del Sometent puede reinterpretarse como un compromiso cívico basado en la participación ciudadana, la defensa pacífica de las instituciones y la responsabilidad colectiva. Lejos de cualquier connotación militarista o excluyente, se trataría de un pacto social donde la ciudadanía se reconoce como protagonista del bien común, vigilante de los derechos y libertades, y corresponsable del cuidado de los espacios compartidos, tanto físicos como simbólicos.

Este nuevo espíritu se expresaría en la implicación activa en asociaciones, entidades vecinales, plataformas ciudadanas y procesos participativos que refuercen la calidad democrática. La defensa de las instituciones no significaría adhesión acrítica, sino una actitud exigente y constructiva: protegerlas de la corrupción, del abuso de poder y de la desinformación, al tiempo que se reclama transparencia, rendición de cuentas y apertura al diálogo. Así, la lealtad institucional se convierte en lealtad a los valores democráticos que las legitiman.

La cohesión social sería otro pilar esencial. En una sociedad diversa, el espíritu del Sometent actualizado implicaría tejer puentes entre barrios, generaciones y orígenes culturales, combatiendo la polarización y el discurso del odio. Se trataría de promover espacios de encuentro, mediación y cooperación donde las diferencias se gestionen desde el respeto y la escucha, reforzando la confianza mutua y el sentimiento de pertenencia compartida a un proyecto de país inclusivo.

Finalmente, la responsabilidad colectiva se traduciría en una ética cotidiana de cuidado: del entorno natural, del patrimonio cultural, de las personas más vulnerables y de la calidad del debate público. Este espíritu cívico moderno no se organiza en torno a armas ni jerarquías, sino alrededor de valores, redes comunitarias y herramientas democráticas: urnas, asambleas, presupuestos participativos, voluntariado y acción social. En suma, un Sometent del siglo XXI sería una ciudadanía activa, plural y pacífica, comprometida con la defensa de la democracia y la dignidad de todas las personas.

Sometent cívico hoy en Cataluña

El espíritu del antiguo “sometent” puede renacer hoy como un compromiso cívico activo, pacífico y organizado. La ciudadanía catalana tiene a su alcance múltiples vías para proteger y fortalecer el bien común: desde las asociaciones vecinales hasta el voluntariado, la protección civil y la participación política y social. Cada gesto cuenta: implicarse en el barrio, apoyar a quienes más lo necesitan, colaborar en emergencias o participar en espacios de decisión. No se trata de héroes aislados, sino de una red de personas corrientes que, juntas, sostienen una sociedad más justa, segura y solidaria.

Las asociaciones vecinales son un primer frente de acción. Participar en la asociación de tu barrio permite detectar problemas reales —ruido, limpieza, movilidad, soledad de personas mayores— y transformarlos en propuestas concretas ante el ayuntamiento. Un “sometent cívico” moderno se organiza en comisiones de trabajo, impulsa presupuestos participativos, promueve espacios de convivencia y media en conflictos cotidianos. Ejemplos inspiradores son los colectivos que han recuperado plazas para uso comunitario, han creado redes de apoyo escolar o han impulsado huertos urbanos gestionados por el vecindario, demostrando que la defensa del territorio hoy pasa por cuidar la vida cotidiana de quienes lo habitan.

El voluntariado es otra expresión clave de este compromiso. Entidades sociales, bancos de alimentos, asociaciones culturales, clubes deportivos o proyectos de mentoría educativa necesitan manos y tiempo. Ser voluntario significa ponerse al servicio de los demás sin esperar nada a cambio, pero recibiendo mucho en aprendizaje y vínculos humanos. En Cataluña, miles de personas colaboran en campañas de recogida de alimentos, acompañan a personas mayores que viven solas, apoyan a jóvenes en riesgo de exclusión o enseñan catalán y castellano a recién llegados. Cada hora de voluntariado es una forma de “salir a tocar a sometent” frente a la indiferencia, la desigualdad y la soledad, construyendo una comunidad más cohesionada.

La protección civil ciudadana ofrece un campo de acción especialmente cercano al sentido original del Sometent, pero adaptado a un marco democrático y no violento. Integrarse en agrupaciones de voluntariado de protección civil, colaborar en planes de emergencia municipales o formarse en primeros auxilios y autoprotección convierte a la ciudadanía en un recurso clave ante incendios, inundaciones, olas de calor o grandes eventos. En muchos municipios catalanes, estos equipos voluntarios apoyan a los servicios profesionales, ayudan en evacuaciones preventivas, informan a la población y cuidan de las personas vulnerables. Su ejemplo demuestra que la seguridad colectiva no es sólo tarea de las instituciones, sino también de una ciudadanía preparada, responsable y solidaria.

La participación política y social completa este mapa de acción cívica. Votar es importante, pero no suficiente. Un “sometent cívico” del siglo XXI se implica en consejos de barrio, audiencias públicas, plataformas ciudadanas y movimientos sociales pacíficos. Firma iniciativas legislativas populares, participa en consultas, exige transparencia y rinde cuentas a sus representantes. También impulsa proyectos cooperativos, economía social y redes de consumo responsable que refuerzan la soberanía económica y la justicia social. En Cataluña abundan ejemplos de cooperativas de vivienda, grupos de consumo agroecológico o ateneos populares que demuestran que la política también se hace desde abajo, construyendo alternativas concretas.

Asumir este papel de sometent cívico no exige perfección, sino constancia y voluntad de sumar. Puedes empezar por algo pequeño: asistir a la próxima reunión vecinal, ofrecerte como voluntario una tarde al mes, inscribirte en un curso de primeros auxilios o informarte sobre los espacios de participación de tu municipio. Lo importante es dar el primer paso y mantenerlo en el tiempo. Cada persona que se compromete con el bien común refuerza un tejido cívico que protege la dignidad, la diversidad y la libertad de todos. Cataluña necesita esta ciudadanía activa, valiente y cooperadora para afrontar los retos presentes y futuros. El momento de organizarse y comprometerse es ahora.

Sometent de Catalunya
 
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